domingo, 2 de junio de 2013

Pintora Teresita Victoria Fortin


Teresa Victoria Fortín Franco. Nació en Yuscarán a finales del siglo XIX (1885), perteneció a una de las familias más antiguas de Tegucigalpa y estaba conectada con familias de ricos mineros y comerciantes de Yuscarán. Gracias a su amistad con el maestro Pablo Zelaya Sierra (acababa de regresar de Europa), empezó por el camino academicista, integrándose a una generación que ya luchaba en el campo del arte, entre quienes se cuentan la poeta Clementina Suárez y la maestra de música Mercedes Agurcia Membreño.



Muerto su padre, el Doctor don Miguel Ángel Fortín a quien ella dedicó los mejores años de su vida, Teresa Victoria ingresó al cuerpo docente de la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde no sólo se entregó a la juventud, sino que experimentó con todas las escuelas y con todos los materiales posibles. Por otra parte, ella cooperó con la Misión Científica del Peadoby Museum de la fundación Carnegie, que en 1938 limpió y restauró el Parque Arqueológico de Copán.



Durante el año de 1934, interviene en la fundación, con el maestro Carlos Zúniga Figueroa, de la "Academia Nacional de Dibujo Claroscuro al Natural", en la que participa como maestra. Al mismo tiempo no descuida su carrera artística, por lo que hasta finalizar la década, realiza cinco exposiciones personales y envía muestras a ocho colectivas. En 1942, a solicitud del obispo de Tegucigalpa, Agustin Hombach, forma parte del equipo de Restauración, con el italiano Alejandro del Vecchio, de los evangelistas pintados por Jose Miguel Gómez en las pechinas de la cúpula de la Catedral de Tegucigalpa. Este trabajo le produce una gran inspiración, por lo que durante un buen tiempo se dedica  a la pintura religiosa.


En el año 1948 gana el Premio del Salón Anual del Instituto de Cultura Interamericana.  En 1950 y 1960 expone en Guatemala, España y Estados Unidos. La revista alemana  “Spiegel" publica un interesante reportaje sobre su labor artística. Luego al transcurrir la década del 60 al 70, realiza nuevas exposiciones bajo el patrocinio del Instituto  Hondureño de Cultura Interamericana, y uno de sus cuadros, el titulado "La última esperanza", se emplea como símbolo de concordia en la Organización de las Naciones Unidas. el año de 1977 concurre al "Certamen Permanente Centroamericano 15 de  septiembre" que patrocina el Ministerio de Educación Pública de Guatemala. En 1978 es invitada especial del Instituto Italo-latinoamericano de Roma para intervenir en la "Quinta Muestra de Pintura Latinoamericana" hecha durante el mes de mayo. El 28 de septiembre de ese año recibe el Lauro de Oro del Distrito Central y el 29 de septiembre de 1980 es condecorada con la Hoja de Liquidámbar en Plata por aquella dependencia. Finalmente, el 22 de noviembre del mismo año se le entrega el Premio Nacional de Arte Pablo Zelaya Sierra.


Como puede verse, Teresita Fortín fue fundamentalmente autodidacta. Su evolución artística comprende algunas etapas bien definidas. Durante sus comienzos pinta objetos con un estilo realista. Más adelante hace paisajes dentro del impresionismo, recurriendo en algunos casos a la técnica de la pintura con espátula, según lo confirman sus obras "Incendio de bosque" (1940), "El pino" (1947) y "Tormenta " (1959). Dentro de este mismo género ensayó el "Collage", así lo demuestra su obra "El volcán", donde el follaje de los arboles fue hecho con  hojas adheridas a la tela.

En determinado momento de su vida, Teresita Fortín hace también pintura religiosa. Son  notables a este respecto su "Cabeza de Cristo" (1930) y la "La Crucifixión" (1933) donde emplea colores suaves y se mantiene dentro de los cánones del realismo, sin llegar a los extremos del barroco. Ensaya igualmente, el colorismo objetivo con distintos materiales, incluida la terralaca. Por último y como una muestra de su versatilidad, hizo pintura "naif", algunos de cuyos cuadros fueron expuestos durante el año 1977 en el salón de la Biblioteca Nacional bajo el título de "Recuerdos". Ya anciana (a los 70 años) retorna al bregar de las exposiciones individuales, presentando una colección de 36 lienzos, titulada “Mi Vida”.

La crítica internacional ubicó a Teresa Victoria Fortín como La Naif más representativa de Honduras; Betty La Duke realizó excelentes estudios sobre su pintura, la que trascendió las fronteras patrias. Fortín murió en una pobreza económica congruente con su idea del arte visto como realización, integrada a una idea central de servir al prójimo y su temor al lucro. Sin embargo, su memoria permanece en los viejos corredores de la Escuela Nacional de Bellas Artes y su vida y obra son materia obligada de estudio en el pensum académico de esta.

Teresita Fortín es discreta en el empleo de colores, su temperamento artístico es suave, incluso cuando le toca representar el vigor de la naturaleza tropical, es decir, las plantas, las flores y los cielos. Todos sus cuadros reflejan una gran dulzura, lo que demuestra que fueron hechos por un alma tranquila, en la que el amor era el sentimiento predominante.

Por Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres, Publicado en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy, Número 2, Enero 2013
Fuentes: Antología de las artes plásticas de 1997 y el libro Mujer, Familia y Sociedad de Leticia de Oyuela.




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