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martes, 5 de noviembre de 2013

Profesor Carlos Federico Licona

Profesor Carlos Federico Licona
Por Lic. Hector Ramón Cortés

En esta sección hemos compartido de escritores y literatos nacidos en Yuscarán  que pudieron publicar sus escritos,  no así a quien hoy nos referimos, que no pudo ver culminada esa pretensión. Gracias a su sobrina Suyapita Licona hemos podido hojear y resumir algunos escritos del libro inédito escrito “Historia de Yuscarán” que dejo escrito y listo para su publicación. Sabemos por comentarios del historiador don Nahúm Valladares que el profesor Licona también estaba escribiendo otro libro sobre la historia del General Morazán.

El profesor Carlos Federico Licona nació en la ciudad de Yuscarán  el 28 de julio de 1913, sus padres fueron Jose Casto Licona y Ofelia Ochoa, sus abuelos paternos Dionicio Licona y Beatriz Cerrato maternos Juan Ochoa y Elena Lopéz.

Los que tuvimos la fortuna de conocerle y escuchar sus disertaciones, obtuvimos de primera mano los conocimientos de historia y cotidianidad de nuestra ciudad que el profesor Licona poseía, especialmente los referentes a la vida del General Francisco Morazán y su familia. Don Carlos Federico Licona era un morazanista por convicción propia. En los primeros años de este siglo recibió un reconocimiento como historiador por la Sociedad de Geografía e Historia de Honduras. Murió en esta misma ciudad el 13 de enero de 2010 a los 97 años.
Del libro inédito “Historia de Yuscarán” por Carlos Federico Licona les comparto dos piezas muy importantes que muestran su pasión investigadora y su amor por Yuscarán.

CANTO AL MONSERRAT 

Cuando los yuscaranenses se colocan al frente de esta suntuosa montaña, ven y escuchan y con poder y capacidad admirable, se disponen a interpretar la brisa que con su niebla, suspiran el canto de las arroyos, el viento suave de ternura diáfana y fresca, que por un todo, son las voces de su lira que al difundirse, entonan el himno de la montaña bastante emocionante.


Por la tarde al ocultarse el sol encaminado a su apoteosis, tras la montaña, aparece una preciosa policromía dejando alas como de un celaje, brota ante la maravilla una hermosa y esplendorosa tarde que tendiendo sus cabellos de oro, ante el paso de la noche, entonces embrujados en un mutismo profundo y suntuoso, viene el silencio y comienza la meditación del árbol, se escuchan los diálogos sostenidos, entre las plantas y el sol en una absoluta quietud de la floresta de encaje azul de su manto y la luna con sus destellos que al paso deja la neblina, un delirio en un charco besado por la luna.

Publicado en la Revista "Yuscarán, Ayer y Hoy" numero 9 agosto 2013


domingo, 2 de junio de 2013

Poeta Santiago Flores Ochoa



Poeta Santiago Flores Ochoa
Nació en Yuscarán, El Paraíso el 11 de septiembre de 1918 y murio el 17 de diciembre 1989 poeta, periodista y diplomático. Hijo de María Ortencia Ochoa Cortés y de Armando Flores Fiallos. Fueron sus abuelos don Horacio Ochoa Mejia y doña Asunción Cortés Sevilla hija de don León Cortés famoso comerciante y alcalde de Yuscarán. 

Formó parte de la Academia Hondureña de la Lengua; en 1982 el Estado de Honduras le otorgó el Premio Nacional de Literatura "Ramón Rosa". Entre sus libros destacan “Sonetos de Luz al viento” (Mexico 1963), “Sonetos Equinocciales” (Bogota, Colombia 1973), “Los Angeles Nocturnos” (Buenos Aires, Argentina, 1969), "El Retorno de Caín" (Buenos Aires, Argentina, 1970). Durante muchisimos años fue el editorialista del Diario El Cronista de la ciudad de Tegucigalpa. 


Rimas en la noche (1962)
Libro Sonetos de luz al viento 

Un resplandor de luna y un vientecillo alegre
que salta las laderas y despeina las espigas,
y el sopor enervante de las horas nocturnas
celosas a mi anhelo y a mi sueño furtivas.

Un desfile lumínico de viajeras luciérnagas
que horadan las paredes aéreas de la noche,
un pájaro que trina, un arroyo que canta
y un pálido lucero dormido sobre el monte.

La brisa perfumada refugiase en mis manos
de tibias epidermis y afina las cigarras
su monocorde acento, su saltarín arpegio
que perece arrancado de tambores de plata.

Alientos musicales que vienen de los pinos
de copas seculares. Hoy diálogos de estrellas
en el azul profundo, en el océano inmenso
donde los astros siguen sus veredas eternas.

Resalta, allá a lo lejos, la torre de la ermita,
soberbia, esbelta y santa como monja devota,
mientras un viento alegre y un resplandor de luna
ahuécanse en el alma, tremendamente sola.


Por Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres 
Publicado en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy


Pintora Teresita Victoria Fortin


Teresa Victoria Fortín Flores. Nació en Tegucigalpa el 18 de noviembre de 1886. Hija del Dr. Miguel Antonio Fortín Franco (Nacido en San Antonio de Oriente el 11/sep/1863 y murió en El Salvador a los 66 años) y de María Pio Flores, quien muere siendo Teresa Victoria una niña.
Hermana de Emilio Fortín Flores, . Gracias a su amistad con el maestro Pablo Zelaya Sierra (acababa de regresar de Europa), empezó por el camino academicista, integrándose a una generación que ya luchaba en el campo del arte, entre quienes se cuentan la poeta Clementina Suárez y la maestra de música Mercedes Agurcia Membreño.



Muerto su padre, el Doctor don Miguel Ángel Fortín a quien ella dedicó los mejores años de su vida, Por otra parte, ella cooperó con la Misión Científica del Peadoby Museum de la fundación Carnegie, que en 1938 limpió y restauró el Parque Arqueológico de Copán.

Durante el año de 1934, interviene en la fundación, con el maestro Carlos Zúniga Figueroa, de la "Academia Nacional de Dibujo Claroscuro al Natural", en la que participa como maestra. Al mismo tiempo no descuida su carrera artística, por lo que hasta finalizar la década, realiza cinco exposiciones personales y envía muestras a ocho colectivas. En 1942, a solicitud del obispo de Tegucigalpa, Agustin Hombach, forma parte del equipo de Restauración, con el italiano Alejandro del Vecchio, de los evangelistas pintados por Jose Miguel Gómez en las pechinas de la cúpula de la Catedral de Tegucigalpa. Este trabajo le produce una gran inspiración, por lo que durante un buen tiempo se dedica  a la pintura religiosa.


En el año 1948 gana el Premio del Salón Anual del Instituto de Cultura Interamericana.  En 1950 y 1960 expone en Guatemala, España y Estados Unidos. La revista alemana  “Spiegel" publica un interesante reportaje sobre su labor artística. Luego al transcurrir la década del 60 al 70, realiza nuevas exposiciones bajo el patrocinio del Instituto  Hondureño de Cultura Interamericana, y uno de sus cuadros, el titulado "La última esperanza", se emplea como símbolo de concordia en la Organización de las Naciones Unidas. el año de 1977 concurre al "Certamen Permanente Centroamericano 15 de  septiembre" que patrocina el Ministerio de Educación Pública de Guatemala. En 1978 es invitada especial del Instituto Italo-latinoamericano de Roma para intervenir en la "Quinta Muestra de Pintura Latinoamericana" hecha durante el mes de mayo. El 28 de septiembre de ese año recibe el Lauro de Oro del Distrito Central y el 29 de septiembre de 1980 es condecorada con la Hoja de Liquidámbar en Plata por aquella dependencia. Finalmente, el 22 de noviembre del mismo año se le entrega el Premio Nacional de Arte Pablo Zelaya Sierra.


Como puede verse, Teresita Fortín fue fundamentalmente autodidacta. Su evolución artística comprende algunas etapas bien definidas. Durante sus comienzos pinta objetos con un estilo realista. Más adelante hace paisajes dentro del impresionismo, recurriendo en algunos casos a la técnica de la pintura con espátula, según lo confirman sus obras "Incendio de bosque" (1940), "El pino" (1947) y "Tormenta " (1959). Dentro de este mismo género ensayó el "Collage", así lo demuestra su obra "El volcán", donde el follaje de los arboles fue hecho con  hojas adheridas a la tela.

En determinado momento de su vida, Teresita Fortín hace también pintura religiosa. Son  notables a este respecto su "Cabeza de Cristo" (1930) y la "La Crucifixión" (1933) donde emplea colores suaves y se mantiene dentro de los cánones del realismo, sin llegar a los extremos del barroco. Ensaya igualmente, el colorismo objetivo con distintos materiales, incluida la terralaca. Por último y como una muestra de su versatilidad, hizo pintura "naif", algunos de cuyos cuadros fueron expuestos durante el año 1977 en el salón de la Biblioteca Nacional bajo el título de "Recuerdos". Ya anciana (a los 70 años) retorna al bregar de las exposiciones individuales, presentando una colección de 36 lienzos, titulada “Mi Vida”.

La crítica internacional ubicó a Teresa Victoria Fortín como La Naif más representativa de Honduras; Betty La Duke realizó excelentes estudios sobre su pintura, la que trascendió las fronteras patrias. Fortín murió en el seno de su familia y rodeada del cariño. Sin embargo, su memoria permanece en los viejos corredores de la Escuela Nacional de Bellas Artes y su vida y obra son materia obligada de estudio en el pensum académico de esta.

Teresita Fortín es discreta en el empleo de colores, su temperamento artístico es suave, incluso cuando le toca representar el vigor de la naturaleza tropical, es decir, las plantas, las flores y los cielos. Todos sus cuadros reflejan una gran dulzura, lo que demuestra que fueron hechos por un alma tranquila, en la que el amor era el sentimiento predominante.

Por Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres, Publicado en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy, Número 2, Enero 2013
Fuentes: Antología de las artes plásticas de 1997 y el libro Mujer, Familia y Sociedad de Leticia de Oyuela.




Almira Stillwell Cole Ferguson


Firma de Almira Stillwel Cole y Philip Mills Jones
en su Acta Matrimonional , Yuscarán 1892

Por Lic. Hector Ramón Cortés C.
Hija de H. W. N. Cole Ingeniero en Minas nombrado el 17 de septiembre de  1883 como agente consular de los Estados Unidos en Yuscarán, su padre trabajo a las órdenes de Jacobo P. Imboden administrador de los trabajos mineros de la familia Fortín.
Su historia es tristemente fascinante, nacida y criada en New York donde conoció a Daniel Fortín hijo durante sus estudios en aquella ciudad, decide hacer el viaje desde Nueva York hasta Yuscarán en 1891.

Siendo una inquieta joven, que se embarca en 1891 en un viaje que sin saberlo sería sin retorno, la intención de Almira era permanecer por espacio de cinco años en Honduras, llego a Honduras como solía hacerse por el puerto de Amapala y emprende el viaje a lomo de mula hacia Yuscarán; como la mayoría de los norteamericanos toma tiempo en medio del viaje para llenar su diario e ir describiendo las pericias y experiencias del viaje con mucho detalle.

Sale de Nueva York en un barco de vapor con rumbo a Colón en Panamá, atraviesa el istmo en ferrocarril y de ahí toma otro vapor hacia Amapala. El viaje en barco de las costas norteamericanas hasta Amapala duro 16 días, permaneciendo en el puerto durante dos días, de Amapala llegaron  a la Brea antiguo lugar de desembarco cerca del actual San Lorenzo ahí la esperaba el joven Fortín junto a varios criados y mulas con la logística necesaria para el resto del viaje, de ahí en adelante el viaje será en lomo de mula hacia Yuscarán,  parten ese mismo día hasta Nacaome donde pasaron la noche,  al día siguiente continúan pasando por Pespire hasta llegar a Nueva Armenia, de ahí toman a la derecha a un pueblo llamado San Pedro y siguen bajando hasta llegar al valle de Yeguare que ya iniciaban a llamarlo El Zamorano. Ahí llegan a la hacienda San Francisco, originalmente un antiguo convento convertido para ese tiempo en una próspera hacienda que pertenecía a la familia Fortín Ordoñez donde es atendida por doña Mariana Ordoñez esposa de don Daniel Fortín.


El 21 de octubre del año 1892 Almira se casa en Yuscarán con el también norteamericano  Philip Mills Jones, joven ingeniero en minas nacido en 1870  en nueva York que trabajaba para don Daniel Fortín. La ceremonia civil fue realizado por el entonces alcalde Don León Cortés a través del intérprete Daniel Fortín hijo y como testigos los norteamericanos  J. P. Imboden y C. U. Cleneay.

Extranjeros amigos de Almira que solicitan la creación
de un cementerio no católico en Yuscarán
El 31 de marzo de 1893, seis meses después de haberse casado, Almira muere en Yuscarán. Sus amigos extranjeros y su esposo piden a la alcaldía un terreno para enterrarla que no sea en el cementerio católico, para lo cual la alcaldía les facilita la loma del Cerro El Coyote conocida hoy como la Misalia, donde descansan sus restos mortales. La noticia de su muerte fue recogida por el periódico New York Times.



Libro: 
Six days on the hurricane deck of a mule (Seis días en la cubierta superior de una mula)

En octubre 1893 sus amigos publican como homenaje póstumo los apuntes que Almira tomo de su viaje, el libro se titulo en ingles Six days on the hurricane deck of a mule. Traduciéndolo el titulo seria Seis días en la cubierta superior de una mula, publicado en la ciudad de Nueva York con fecha agosto de 1891 fecha en que Almira realiza su viaje a Yuscarán.

Su libro fue uno de los primeros libros que extranjeros publicaron acerca de los viajes hacia el interior de Honduras, donde especialmente se menciona a Yuscarán como su destino final. Su historia publicada en su libro póstumo ha servido de referencia a muchos viajeros que sin conocer Honduras buscan una referencia de viajes previos. En el año 2011 el libro ha sido publicado en su totalidad en formato digital y puede ser leído gratuitamente en el internet cuando ya han pasado más de 120 años de su publicación.


Por. Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres
Publicado en la Revista Yuscarán,. Ayer y Hoy, Número 4, Marzo 2013


Profesor José Clemente Chavarría


Nació en 1858 en Salamá, Guatemala. El 15 de diciembre de 1877 alcanzó feliz término en sus estudios; después de brillantísimo examen se le entregaba su diploma de Maestro de Instrucción Primaria. Ese diploma lo autoriza la pluma del Reformador y está refrendado por el Ministro de Instrucción, el ilustre doctor Lorenzo Montúfar.

Don Clemente Chavarría demostraba amor ardiente a la enseñanza. Pronto conocieron sus excepcionales aptitudes al hallarse al frente de la Escuela Nacional de Niños de Salamá, establecimiento que estuvo a su cargo desde el año de 1878 hasta 1881. Cúpole la satisfacción de haber fundado en la misma cabecera la primera escuela nocturna de artesanos, centro que dirigió gratuitamente cerca de tres años.

A principios de 1882 recibió el nombramiento de profesor y secretario del Instituto Nacional de Varones de Oriente. Dirigía ese colegio don José María Izaguirre y desempeñaban con brillante éxito las asignaturas de enseñanza, aventajados alumnos que habían salido de la Escuela Normal de Varones, como Alberto Mejía, Lisandro Sandoval, Felipe Solano y José María Pérez. El señor Chavarría daba las clases de Pedagogía, Lógica, Geografía, Física y Cosmografía. En las postrimerías del año de 1883, separóse del citado establecimiento y a principios de 1884 se vino a esta capital donde se le confiaron las clases en varios centros de enseñanza, uno de ellos el que dirigía la señorita Dolores Nájera, centro que tuvo una época de fama y florecimiento.

En noviembre del mismo año lo contrató el gobierno de Honduras para que en compañía de los distinguidos profesores normalistas, don Carlos A. Velásquez, don Ángel Ignacio Jordán y don Rodrigo Castañeda, fundaran las escuelas superiores en varias cabeceras departamentales de aquella república; gobernada entonces por el general Luis Bográn. Desde 1885 permaneció en la cabecera de El Paraíso, hasta abril de 1889, dirigiendo la Escuela Superior de Yuscarán.

En el Colegio de Yuscarán comenzaron sus estudios don Inocente Nolasco, don Silverio Laínez, don Jacinto Rivas, don Ricardo Pineda y otros jóvenes que después figuraron en la República de Honduras. El señor Chavarría conservaba con gratitud un diploma de honor que le dio la Municipalidad de Yuscarán, el 13 de noviembre de 1886, en el acto solemne de la distribución de recompensas a los alumnos del establecimiento. Al regresar a Guatemala el señor Chavarría recibió el nombramiento de inspector de escuelas nacionales de los departamentos de la Baja y la Alta Verapaz y al desempeñar este empleo con verdadera dedicación, fundó las academias de Salamá, del pueblo de Rabinal y de San Jacinto. Falleció en Escuintla,  Guatemala en 1923.

Investigación y recopilación Lic. Héctor Ramón Cortés Cáceres.
Publicado en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy, Número 3, Febrero 2013


Profesor Inocente Orellana


Nació en Esquipulas, Guatemala,  el día de los santos Inocentes, el 28 de diciembre de 1859.  Ya en la escuela pública tuvo como maestros a don Alfonso Mejía, hondureño, y a don Santiago Urbizo. En esa misma escuela estudiaba Pedro Nufio y José Inocente Orellana, sus eternos amigos y compañeros.

La humilde escuela del Maestro Santiago Urbizo en Chiquimula estaba destinada a dar dos ilustres maestros. Por sus meritos fueron becados, con muchas luchas y vicisitudes.  Inocente logró adquirir su título de Maestro de Instrucción Primaria, en febrero de 1882. Después de tres años de constante y penosa labor enfermó gravemente de viruelas, quedando imposibilitado y casi ciego.

Un año después, en 1885, recibió invitación de parte del señor profesor don Clemente Chavarría, que a la sazón dirigía el Colegio de la ciudad de Yuscarán, para que le ayudara como profesor del mismo establecimiento. Habiendo aceptado tal invitación, partió hacia Guatemala y en compañía del señor Chavarría marchó hacia Yuscarán, esto pasaba en 1886. En aquel tiempo la “Sultana de Oriente” estaba en el apogeo de su grandeza. Tenía gran movimiento por los trabajos de minas y se levantaban capitales fuertes. Con el apoyo decidido de la sociedad y con la magnífica dirección del señor Chavarría, el Colegio de Yuscarán llegó a sobreponerse a los demás de su índole que existían en el país.

                Nos cuenta el señor Orellana que en Yuscarán él pasaba encantado de la vida, a pesar de que trabajaba intensamente porque no sólo servía varias asignaturas en el colegio sino que también daba clases a domicilio.

                A la sombra protectora del Profesor Chavarría, que era un buen pedagogo, pudo aumentar con provecho don Inocente su experiencia en el magisterio.

                Por esta época tuvo la suerte el Colegio de contar, entre otros Profesores de verdadero mérito, a los distinguidos jurisconsultos guatemaltecos Licenciados don J. Vicente Martínez y don Vicente Saenz, que habían venido a nuestro país como emigrados de su patria, lo mismo que el Bachiller y Profesor don Víctor Chavarría, de mucha actividad y sólidos conocimientos, que más tarde, en el año de 1900, fundó en compañía del talentoso hondureño, Licdo. Don Francisco Argueta Vargas, el Colegio “El Porvenir”, de esta capital, que después estuvo dirigido y  regentado sucesivamente por los Licenciados don Esteban Guardiola y don Antonio R. Vallejo. Volvió a Yuscarán don Clemente, pero por asuntos de familia pronto regreso a su patria, por lo que fue nombrado Director en propiedad el Profesor Orellana, quien fundó al poco tiempo una escuela nocturna,  que fue de gran provecho para los jóvenes trabajadores pobres. De la mayor parte de los muchachos de su Colegio se acuerda don Inocente y con la satisfacción propia del Maestro que tenía conciencia de su labor, orgulloso de haber obtenido el mayor provecho de sus nobles afanes, trae a flor de labio los nombres de muchos de los que ahora son profesionales distinguidos, tales como los Licenciados don Marcos López Ponce, don Silverio Laínez, don Donato Fortín, don Jacinto R. Rivas y don Ricardo Pineda; Doctores don Noé Rivas y don José R. Durón; Profesores don Ramón y don Juan Raudales Portillo, don Juan Espinoza, don Manuel y don Ruperto Ordoñez, don Guillermo Cerna y don Sixto Pineda, Peritos Mercantiles don Manuel Izaguirre y don Luis Elvir. En 1889 contrajo matrimonio don Inocente con la distinguida señorita María Zavala. 

                Por dificultades económicas que por entonces se le presentaron, originadas por malquerencias políticas tuvo que renunciar de la Dirección del Colegio y elevar anclas hacia la ciudad de Guatemala, llevándose consigo a su esposa y a uno de sus discípulos más queridos, don Ramón Montoya C. destacado miembro del Magisterio Nacional.

Investigación y Recopilación Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres.
Publicado en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy, Número 3, Febrero 2013




Profesor Ramón Montoya Cerrato

Firma de Ramón Montoya C.
Museo Casa Fortín - Yuscarán
Este incansable luchador de la filas del magisterio nació en el pueblo de Jacaleapa  Departamento de El Paraíso, el 31 de agosto de 1871. Fueron sus padres don Esteban Montoya y doña Magdalena Cerrato de Montoya, originarios,  el primero de  Yuscarán y la segunda, del pueblo de Santa Lucia, departamento de Francisco Morazán.
Cuando apenas contaba con ocho años de edad la muerte le arrebató su buena madre. Poco tiempo después  de tan triste suceso su padre se trasladó con toda la familia a Danlí, donde por entonces fijó su residencia. En este último lugar continuó el niño Montoya frecuentando la escuela, con mucha irregularidad, por las dificultades que es fácil deducir, dada la falta de su madre.
              
Como el mal nunca anda solo, pocos años después de haber muerto la autora de sus días, y cuando iba a cumplir trece años de edad, murió también su padre, faltándole con esta nueva desgracia el único apoyo que le quedaba en el mundo. Huérfano entonces y sin recursos de ningún género se trasladó a Yuscarán, en 1889, donde había un Colegio de Segunda Enseñanza, dirigido atinadamente por el Profesor don J. Inocente Orellana distinguido pedagogo guatemalteco. Al principio tuvo dificultades para ingresar en el    establecimiento, ganándose la vida mientras tanto, trabajando como aprendiz de sastre.  Mas como sus deseos vehementes eran seguir una carrera literaria, insistió de nuevo logrando al fin ser admitido como alumno sirviente en el centro aludido, en el año de 1891. El Profesor Orellana lo favoreció con su cariño el cual procuró merecer, siendo atento y servicial. Se aplicó de tal manera al estudio el joven Montoya que, a pesar del tiempo que involuntariamente había perdido, alcanzó ese año un progreso notable. Un día su maestro lo llamó aparte y le dijo que el Colegio sería clausurado después de practicados los exámenes, por falta de fondos para su sostenimiento, y que él se marcharía con dirección a Guatemala; añadiendo que si él (Montoya) quería seguirlo, podía llevarlo en su compañía, propuesta generosa que al punto fue aceptada por don Ramón, lleno de júbilo y reconocimiento.

                En el mes de diciembre de 1891 hicieron el viaje de referencia, pese a no haber cursado aún toda la enseñanza primaria, logró una beca y ese mismo día se emitió el acuerdo concediéndosele una plaza como alumno becario en la Escuela Normal para que hiciera estudios de Maestro de Instrucción Primaria y Complementaria. Como no tenía la preparación suficiente pasó un año en la Complementaria, habiendo hecho en ese tiempo dos grados que le faltaban para pasar al primer curso de estudios normales. En los cuatro años siguientes  cursó y aprobó todas la asignaturas que la ley fijaba para obtener el título de Maestro de Instrucción Primeria y complementaria, lo mismo que el de Graduado en CC y LL., que por gracia  especial se le concedió, previo al examen respectivo. Esto sucedió en noviembre de 1896.

Establecimiento particular regentado por don Santiago de Guardiola, súbdito español. Un día de tantos, al pasar por el Instituto, el portero le entregó un telegrama que de Yuscarán le dirigía su antiguo maestro, el Profesor Orellana, que hacía poco tiempo había regresado a Honduras, en el que le llamaba para que viniera a colaborar con él en el Colegio de Yuscarán, abierto nuevamente. No pudiendo desoír la voz del maestro, decidió volver a su solar nativo, después de cerca de ocho años de ausencia.
 
                El 19 de mayo de 1899 llegó a Yuscarán y el día siguiente comenzó sus tareas en el Colegio, pues aunque el señor Director le manifestara su deseo de que concediera algún descanso, no quiso porque los alumnos habían perdido mucho tiempo y era preciso reponerlo cuanto antes.

                Como había escasez de profesores, el Director le encomendó la enseñanza de siete asignaturas de las más difíciles, con el carácter de profesor interno. Aceptó de buen agrado porque tenía frescos aún los conocimientos y sobre todo, se sentía con fuerzas suficientes y mucho entusiasmo y amor hacia la profesión.

                El Colegio muy pronto volvió a languidecer, siempre por la misma causa: escasez de dinero para su sostenimiento. Después de los exámenes de fin de curso, el Director, señor Orellana fue contratado para ir a Juticalpa a ponerse al frente de otro establecimiento análogo y le manifestó que su deseo era que permaneciese prestando sus servicios en el Colegio de Yuscarán, por más que para él sería de mucho gusto que lo acompañara a su nuevo destino. Siguió don Ramón en su querido terruño, actuando entonces como Director del Colegio el Licenciado don Jacinto Rivas, a quien sustituyó poco tiempo después el de igual título, don Ricardo Pineda.

                Por graves alteraciones ocurridas en la salud del Profesor Montoya, a consecuencia del exceso de trabajo, interpuso su renuncia, la que fue aceptada. En seguida desempeñó el cargo de Profesor de los niños del Licenciado don Gilberto Larios, cuya familia residía en la Hacienda Colon, en el Departamento de Choluteca. Permaneció en dicho lugar por dos períodos escolares, de 1901 a 1903.

                Muy pronto dejó de ser empleado de comercio para estar fuera de su elemento. Volvió a su misión de maestro, tomando a su cargo la enseñanza de varios niños pertenecientes a las familias principales, mediante contrato particular.

                En el año de 1905 se hizo cargo de la Dirección de la Escuela de Varones de la misma ciudad de Yuscarán, cargo que desempeñó durante los años de 1905, 1906 y 1907, hasta mediados de 1908, ya que por dificultades económicas del tesoro municipal, fue clausurada la Escuela de referencia.

                Se trasladó entonces a la capital donde encontró ocupación en la Escuela Normal de Varones. Desempeñaba en ese establecimiento el modesto cargo de Instructor Segundo cuando fue nombrado Director General de Instrucción Primaria; esto en septiembre del propio año de 1908. Estuvo en ese empleo hasta mayo de 1909 en que fue suprimida la Oficina antes dicha por razones de economía, según lo entendió el entonces Presidente de la República, General don Miguel R. Dávila.

Volvió a la Normal de Varones con el nombramiento de profesor de varias asignaturas y Secretario con funciones de Sub-Director, empleos que tuvo hasta el año de 1915 en que dejó de ser Director el inolvidable Maestro Don Pedro Nufio.

                Teniendo el señor Montoya en sus manos el título de Bachiller, resolvió seguir la carrera de Abogado, para lo cual se matriculó en la Escuela de Derecho y Notariado, el año de 1897, estudios que abandonó.

                En 1917 fue designado para la Dirección de la Escuela Normal de Varones el Doctor Don Manuel F. Barahona, quien llamó a don Ramón para que desempeñara el cargo de Profesor de Matemáticas, Ciencias Naturales  y un curso de Pedagogía. Esta tercera etapa de su labor en la Normal duró hasta el 31 de enero de 1921 ya que tuvo que dejar el país para fijar su residencia en la ciudad de Guatemala. Luego, después de haber llegado a este lugar encontró trabajo como Profesor en la Escuela Normal Central de Varones.

                Durante su permanencia en la ciudad antes dicha que, fue de ocho años, desempeñó los cargos de Profesor en las Escuelas Normales de ambos sexos e Inspector Técnico de las Escuelas Primarias y de los Colegios Privados de la capital chapina.

                Regresó al país mediante llamamiento que se le hizo, a principios de marzo de 1929, para que viniera a ocupar el puesto como  Vocal del consejo Nacional de Educación Pública. En este puesto permaneció hasta el 30 de abril de 1930. Desde esta fecha, por motivos de enfermedad, especialmente de la vista, sin duda debido al trabajo fatigoso e incesante, se ha retirado del servicio activo en la enseñanza, pero su espíritu de maestro se manifiesta en toda ocasión. Nuestra Escuela, para el caso, ha recibido su acción benefactora, obsequiándole un numeroso y magnifico lote de libros para su Biblioteca, lo mismo que varias y valiosas muestras de minerales para el pequeño museo que estamos formando. Por otra parte, con frecuencia nos visita y aún nos ayuda en nuestras labores docentes, dándonos oportunos y sabios consejos que mucho le agradecemos.

                El que esto escribe tiene algo que agradecerle eternamente a don Ramón: cuando trataba de solicitar beca para hacer sus estudios en la Normal, así como el señor Orellana le indicara el camino en caso semejante, al que había de ser después abnegado maestro, él, don Ramón Montoya Cerrato, no sólo dijo a su favorecido lo que debía hacer, sino que de su propia mano escribió la solicitud respectiva.

                Y nos cuenta, que a pesar de la difícil situación económica por que atraviesa, tiene para obsequiar a las escuelas. ¡Hechos nobles que nos dicen de un corazón generoso!
!Loor al Maestro que ha sacrificado su existencia en bien de la juventud! La Escuela “Alvaro Contreras” siente intima complacencia al rendirle este homenaje de simpatía y reconocimiento, honrándose a la vez al dar su nombre a una de sus aulas.


Martin Alvarado, Tegucigalpa, 17 de septiembre de 1933, Revista del Archivo y Biblioteca Nacionales.
Investigación y Recopilaciones Lic. Héctor Ramón Cortés Cáceres, Publicado en la Revista, Yuscarán, Ayer y Hoy.