Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de junio de 2013

Poeta Santiago Flores Ochoa



Poeta Santiago Flores Ochoa
Nació en Yuscarán, El Paraíso el 11 de septiembre de 1918 y murio el 17 de diciembre 1989 poeta, periodista y diplomático. Hijo de María Ortencia Ochoa Cortés y de Armando Flores Fiallos. Fueron sus abuelos don Horacio Ochoa Mejia y doña Asunción Cortés Sevilla hija de don León Cortés famoso comerciante y alcalde de Yuscarán. 

Formó parte de la Academia Hondureña de la Lengua; en 1982 el Estado de Honduras le otorgó el Premio Nacional de Literatura "Ramón Rosa". Entre sus libros destacan “Sonetos de Luz al viento” (Mexico 1963), “Sonetos Equinocciales” (Bogota, Colombia 1973), “Los Angeles Nocturnos” (Buenos Aires, Argentina, 1969), "El Retorno de Caín" (Buenos Aires, Argentina, 1970). Durante muchisimos años fue el editorialista del Diario El Cronista de la ciudad de Tegucigalpa. 


Rimas en la noche (1962)
Libro Sonetos de luz al viento 

Un resplandor de luna y un vientecillo alegre
que salta las laderas y despeina las espigas,
y el sopor enervante de las horas nocturnas
celosas a mi anhelo y a mi sueño furtivas.

Un desfile lumínico de viajeras luciérnagas
que horadan las paredes aéreas de la noche,
un pájaro que trina, un arroyo que canta
y un pálido lucero dormido sobre el monte.

La brisa perfumada refugiase en mis manos
de tibias epidermis y afina las cigarras
su monocorde acento, su saltarín arpegio
que perece arrancado de tambores de plata.

Alientos musicales que vienen de los pinos
de copas seculares. Hoy diálogos de estrellas
en el azul profundo, en el océano inmenso
donde los astros siguen sus veredas eternas.

Resalta, allá a lo lejos, la torre de la ermita,
soberbia, esbelta y santa como monja devota,
mientras un viento alegre y un resplandor de luna
ahuécanse en el alma, tremendamente sola.


Por Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres 
Publicado en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy


Ana Mateo Arbizú Flores de Guardiola

La primera poetiza de Honduras y Primera Dama


Considerada la primera poetisa hondureña, nació en el mineral de Yuscarán, el 21 de septiembre de 1825. Sus padres fueron Calixto Arbizú, de descendencia vasca y de doña Santos Flores. Se casó el 30 de marzo de 1847 con el hombre que llegaría a ser presidente de Honduras  (1856-1962), José Santos Guardiola Bustillo. Gracias al preciado esfuerzo del historiador nacional, Darío González, hemos podido reconstruir la descendencia de ambos.  El primogénito Gonzalo, nacerá en Comayagua, en 1848 y morirá, en 1903. Gonzalo fue un dedicado hombre de letras en su tiempo;  único varón de la familia; le seguiría Guadalupe, nacida el 8 de mayo de 1849 y muerta el 3 de mayo de 1944.

Francisca será la tercera hija quien naciera el 3 de agosto de 1850 y muriera en abril de 1927. 
Galatea, la cuarta hija, nació el 31 de mayo de 1857 y moriría en Cuba, el 3 de julio de 1910. Fue la esposa del militar cubano, de origen polaco, Carlos Roloff. Genoveva, nació el 10 de julio de 1958 y murió en Nueva York el 14 de diciembre de 1926. Su cadáver fue repatriado a Cuba, donde descansa en el panteón de Santiago, al lado de los de su esposo, Tomás Estrada Palma, primer presidente cubano.  Gumercinda, nació pero murió aún siendo niña. La última de la familia Guardiola-Arbizú, Guillermina, nació el 18 de mayo de 1861, un año antes del asesinato de su padre y murió el 27 de febrero de 1944.  Ana Mateo, murió en 1903

Su primer trabajo literario circuló en Tegucigalpa poco después de su boda, en honor a la muerte de su padre. Otra de sus primeras composiciones fue publicada en el Diario La Gaceta de la ciudad de Comayagua, el 22 de agosto de 1865, con ocasión de la muerte de su hija Gumersinda acaecida el 11 de Julio de 1865.


Por Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres.
Publicado en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy, Numero 1, Diciembre 2012






Almira Stillwell Cole Ferguson


Firma de Almira Stillwel Cole y Philip Mills Jones
en su Acta Matrimonional , Yuscarán 1892

Por Lic. Hector Ramón Cortés C.
Hija de H. W. N. Cole Ingeniero en Minas nombrado el 17 de septiembre de  1883 como agente consular de los Estados Unidos en Yuscarán, su padre trabajo a las órdenes de Jacobo P. Imboden administrador de los trabajos mineros de la familia Fortín.
Su historia es tristemente fascinante, nacida y criada en New York donde conoció a Daniel Fortín hijo durante sus estudios en aquella ciudad, decide hacer el viaje desde Nueva York hasta Yuscarán en 1891.

Siendo una inquieta joven, que se embarca en 1891 en un viaje que sin saberlo sería sin retorno, la intención de Almira era permanecer por espacio de cinco años en Honduras, llego a Honduras como solía hacerse por el puerto de Amapala y emprende el viaje a lomo de mula hacia Yuscarán; como la mayoría de los norteamericanos toma tiempo en medio del viaje para llenar su diario e ir describiendo las pericias y experiencias del viaje con mucho detalle.

Sale de Nueva York en un barco de vapor con rumbo a Colón en Panamá, atraviesa el istmo en ferrocarril y de ahí toma otro vapor hacia Amapala. El viaje en barco de las costas norteamericanas hasta Amapala duro 16 días, permaneciendo en el puerto durante dos días, de Amapala llegaron  a la Brea antiguo lugar de desembarco cerca del actual San Lorenzo ahí la esperaba el joven Fortín junto a varios criados y mulas con la logística necesaria para el resto del viaje, de ahí en adelante el viaje será en lomo de mula hacia Yuscarán,  parten ese mismo día hasta Nacaome donde pasaron la noche,  al día siguiente continúan pasando por Pespire hasta llegar a Nueva Armenia, de ahí toman a la derecha a un pueblo llamado San Pedro y siguen bajando hasta llegar al valle de Yeguare que ya iniciaban a llamarlo El Zamorano. Ahí llegan a la hacienda San Francisco, originalmente un antiguo convento convertido para ese tiempo en una próspera hacienda que pertenecía a la familia Fortín Ordoñez donde es atendida por doña Mariana Ordoñez esposa de don Daniel Fortín.


El 21 de octubre del año 1892 Almira se casa en Yuscarán con el también norteamericano  Philip Mills Jones, joven ingeniero en minas nacido en 1870  en nueva York que trabajaba para don Daniel Fortín. La ceremonia civil fue realizado por el entonces alcalde Don León Cortés a través del intérprete Daniel Fortín hijo y como testigos los norteamericanos  J. P. Imboden y C. U. Cleneay.

Extranjeros amigos de Almira que solicitan la creación
de un cementerio no católico en Yuscarán
El 31 de marzo de 1893, seis meses después de haberse casado, Almira muere en Yuscarán. Sus amigos extranjeros y su esposo piden a la alcaldía un terreno para enterrarla que no sea en el cementerio católico, para lo cual la alcaldía les facilita la loma del Cerro El Coyote conocida hoy como la Misalia, donde descansan sus restos mortales. La noticia de su muerte fue recogida por el periódico New York Times.



Libro: 
Six days on the hurricane deck of a mule (Seis días en la cubierta superior de una mula)

En octubre 1893 sus amigos publican como homenaje póstumo los apuntes que Almira tomo de su viaje, el libro se titulo en ingles Six days on the hurricane deck of a mule. Traduciéndolo el titulo seria Seis días en la cubierta superior de una mula, publicado en la ciudad de Nueva York con fecha agosto de 1891 fecha en que Almira realiza su viaje a Yuscarán.

Su libro fue uno de los primeros libros que extranjeros publicaron acerca de los viajes hacia el interior de Honduras, donde especialmente se menciona a Yuscarán como su destino final. Su historia publicada en su libro póstumo ha servido de referencia a muchos viajeros que sin conocer Honduras buscan una referencia de viajes previos. En el año 2011 el libro ha sido publicado en su totalidad en formato digital y puede ser leído gratuitamente en el internet cuando ya han pasado más de 120 años de su publicación.


Por. Lic. Hector Ramón Cortés Cáceres
Publicado en la Revista Yuscarán,. Ayer y Hoy, Número 4, Marzo 2013


El poeta Froylán Turcios en Yuscarán


En febrero de 1903 se dio la toma de Danlí, realizada por el general Miguel R. Dávila, en esta toma lo acompañaba el poeta Froylán Turcios, después de 30 horas de combate con bajas para ambos bandos, el coronel Teófilo Cárcamo, encabezó un contingente de jóvenes enemigos del régimen, quienes rompiendo las puertas de la iglesia lograron derrotar a los gobiernistas.


La siguiente anécdota fue escrita por el mismo Froylán Turcios y recogida en el libro Memorias y Apuntes de viaje de Froylán Turcios, lo relatado sucede después del combate de Danlí y la toma de Yuscarán en 1903, la anécdota dice así:

En una de aquellas clarísimas y tibias mañanas de marzo en Yuscarán fui a bañarme al río, cerca del sitio en que aun se ven algunas casas en ruinas, antiguas residencias de los ricos mineros. Dentro del agua, fresca y gratísima, gozaba de uno de los placeres que más me deleitan. Sentíame pleno de salud, alegre, optimista, en aptitud de realizar cualquier acto extraordinario. Miraba la metálica  limpidez del firmamento, por el que vagaban grandes nubes de encendida plata, con esa emoción de eterno soñador de imposibles quimeras.

A pocos pasos unas campesinas atravesaban la corriente con las ropas arremangadas hasta las caderas. La última era muy mocita, muy guapa, a quien saludé levantando los brazos como si deseara abrazarla. Volvióse hacia mí  y en su inconsciente movimiento me mostró durante unos segundos…  Deslumbrado, sentí correr por mis venas un fuego devorador. Mi cabeza ardía y mi corazón saltaba enardecido. Al salir del agua, en la margen opuesta del río, la muchacha, con la mano en alto, me hizo un llamamiento. Perdí entonces la serenidad que aun me quedaba. En dos saltos estuve junto a mi ropa. Vestime rápidamente, me lancé sobre el caballo, y corrí tras la mozuela.

¿Cómo intentaría satisfacer mi deseo? Propiamente lo ignoraba, Ella no iba sola. Lo que sí sabía  era que estaba resuelto a hacer algo inaudito para estrecharla en mis brazos. Pero a lo largo del camino tras de atravesar el río, no se veía a nadie, Interrogué a un hombre que se hallaba en la puerta de una choza. -esas Mujeres van para Santa Cruz (no tengo certeza de este nombre) y subieron por esa rocas para ahorrar un kilometro.

Miré el sitio señalado: una enorme piedra con estrecha gradería que daba acrobático acceso a la montaña. -Por ahí es imposible subir montado y aún a pie es muy difícil no teniendo costumbre de hacerlo. Si va a Santa Cruz dé la vuelta al cerro. Al Buen paso tardará media hora.
Un ímpetu de súbita audacia violentó mis sentidos con tan ciega potencia que, clavando con furia las escuelas al caballo y golpeándole las ancas con el chicote, lo precipité por aquella empinada escalera. Pero inútilmente.

-Se mata, señor, se mata –gritaban de una casa vecina. No atendí razones, y atormentando al brioso animal, le hostigué de tal modo que, veloz como una flecha, subió hasta lo más alto de la roca.

I oyendo las exclamaciones de asombro que se elevaban del camino corrí hasta alcanzar a las mujeres. Al verme llegar en forma tan arrebatada, la doncella, temerosa, comprendiendo mi deseo, se refugió tras de las otras. I este simple acto bastó para que la fría razón se impusiera sobre el vértigo de mi instinto. Arrendé hacia atrás el caballo, regresando al lugar por donde subí. Ya en el extremo contrario del ardiente anhelo que me impelió hacia arriba, con perfecta conciencia del peligro, pero amargado, por la decepción, lancé al sudoroso bruto a lo largo de la piedra rodando por el sendero. En pocos segundos levantóse resoplando, y yo aferrado a sus crines, lo obligué a emprender una carrera frenética hacia la ciudad, entre la sorpresa de los aldeanos testigos de mi quijotesca aventura. **Aclaración: Se incluye el español original de esa época.

¡Cuántos vividos episodios podría relatar de aquellos dos meses y medio de guerra! Monterroso, nacido para el mando, disciplinó las energías de los tres jóvenes generales de nuestro ejército, Ferrari, Marín y Williams. Combates y escaramuzas, entre aquéllos el de Yuscarán, las de San Lucas y El Hatillo, en donde violando el armisticio, fuimos atacados una madrugada mientras dormíamos. David ratificó, una vez más, su audaz bravura, deteniendo en un desfiladero, con sólo veinticinco hombres, a más de quinientos dirigidos por el varias veces nombrado general Salamanca. Allí cayó gravemente herido un joven artillero ecuatoriano, que hizo en Alemania sus estudios y que pertenecía a una distinguida familia de Guayaquil. Se unió a nosotros en Managua, dejándonos un recuerdo heróico. Fue arrojado sobre un ocote encendido cuando aun agonizaba, entre las soeces injurias de la soldadesca, que nuestras provocaciones de El Picacho, en la tarde anterior, exacerbaron hasta el más feroz salvajismo. De aquella altura nos retirábamos a Yuscarán, en cumplimiento de una orden telegráfica del general Bonilla, cuando las tropas de Dávila intentaron aniquilarnos con un ataque traicionero. Por cierto que en aquellos minutos trágicos, en que los tiros resonaban como cañonazos por la singular topografía y en que vibraba el suelo con las múltiples descargas, vi palidecer y temblar a hombres que eran citados como valientes entre los valientes. Pocas semanas después entraba nuestro ejército en Tegucigalpa entre las aclamaciones del pueblo.

Nació el 7 de julio de 1874 en la ciudad de Juticalpa, departamento de Olancho y   muere en San José, Costa Rica el 19 de noviembre de 1943. Fue un poeta, narrador, editor, antólogo y periodista hondureño que junto a Juan Ramón Molina fue el intelectual de Honduras más importante de principios del siglo XX. Nacido como José Froylán De Jesús Turcios,  fue Ministro de Gobernación, diputado del congreso nacional, y delegado de Honduras ante la Sociedad de Naciones de Ginebra, Suiza. Dirigió el diario El Tiempo de Tegucigalpa y fundó varias revistas.

En el plano personal y literario fue amigo del poeta nicaragüense Rubén Darío y secretario privado del General Augusto Cesar Sandino.
Escribió entre muchas obras la composición Yuscarán, Ciudad Mágica que comparto con ustedes.

Yuscarán Ciudad Mágica, Por Froylan Turcios 
¡Yuscarán, ciudad legendaria de amores y de sueños, adormida al pie del formidable Monserrat, que eleva audazmente en los aires sus vastas columnas de piedra! En un pálido crepúsculo de otro vuelvo a verte, y siento florecer en mi alma una profunda canción al rumor de tus aguas, bajo tu cielo cerúleo y entre la fragancia balsámica de tus brisas.

Evoco al mirarte, en tu suave placidez interior de las medias noches, las ruidosas metrópolis españolas llenas de fantasmas. Cruzando por tu recinto, pienso en Toledo, con sus angostas calles, sus altas casas y su aire íntimo de fabuloso ensueño. Sólo faltan, para que el hondo recuerdo fulgure en toda su plenitud, las rojas macetas de geranios en las ventanas y los risueños rostros de las muchachas entre el mágico sol de las primaveras.

!Pintoresca Sultana de Oriente, que resplandeces en tu gracia seductora!
¡Salve a ti por las manos amigas que me saludaron al llegar! ¡Salve por tu lindas mujeres que como lirios refulgen en tu jardín encantado!

¡Caigan mis palabras como lluvias de rosas sobre las fértiles cabelleras de tus vírgenes! ¡Feliz de mí si la más grácil y dulce recoge una en su tímida mano y la prende en su corpiño!


Recopilaciones Lic. Hector Ramón Cortés en la Revista Yuscarán, Ayer y Hoy, Numero 5, Abril 2013
Fuentes: Libro Memorias y apuntes de viaje de Froylán Turcios, Secretaría de Cultura, Artes y Deportes, Páginas 212-214,  Diario La Tribuna, 13 de julio de 2009 y Eliseo Romero, Monografía de la Ciudad de Yuscarán, año 1969.