Cuentan que en los tiempos en que los trabajos de las
minas de Yuscarán estaban en lo mejor, cuatro mineros trabajaban en un mismo
sitio cuando uno de ellos notó que al dar el martillazo se oía un sonido
distinto al de siempre y que en vez de quebrar la piedra, el martillo la iba
achatando, al ver cosa tan extraña el minero llamó a los otros tres que estaban
cerca y con no pocas dificultades lograron desprender un bloque que pesaba como
cuatro arrobas. ¡El lingote de oro más grande que sus ojos habían visto! Lo
sacaron a la boca de la mina con el fin de repartirse aquel tesoro, pero ya
venían riñendo porque cada uno quería para sí el pedazo más grande. La boca de
la mina está en la cima de un enorme barranco del cerro de Monserrat que da a
una quebrada muy pedregosa, cosa que no notaron los mineros, de modo que, por
estar peleando, se les escapó el lingote de oro en el barranco. Como volando,
bajaron los cuatro ambiciosos en busca del tesoro perdido, pero fue imposible
encontrarlo.
Esta historia ha venido transmitiéndose de boca en boca y
de generación en generación y en los vecinos de aquel lugar existe la idea de
que alguien tiene que encontrar aquella piedra y por eso, cuando los muchachos
van a traer leña no dejan de pasar por la quebrada por ver si la suerte los
protege. Esta quebrada es preferida por las lavanderas y a menudo se les ve
golpear una piedra con otra con la esperanza de dar con la piedra de oro;
también se encuentran en el lugar jóvenes caballeros, quienes con el pretexto
de hacer ejercicio y como de paso, rayan con una navajita inglesa las piedras
de la quebrada para ver si la suerte ha reservado para ellos el fabuloso
tesoro. Todavía no han encontrado el lingote de oro que pesaba cuatro arrobas,
de modo que el que quiera probar fortuna, ya sabe dónde está la ciudad de
Yuscarán.
Publicado en la Revista "Yuscarán, Ayer y Hoy" Numero 8 de Agosto 2013
Publicado en la Revista "Yuscarán, Ayer y Hoy" Numero 8 de Agosto 2013